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LA RIQUEZA CULTURAL DEL BARRIO CHINO DE PERÚ

Hablar de Perú, es pensar en exquisita comida, ruinas incas, en el color rojo y blanco de su bandera, en su primer mandatario Ollanta Humala, en los 29,4 millones de peruanos que cada día trabajan por ganarse un nuevo sol, pero también es pensar en ese millón trescientos mil chinos o descendientes de chinos cantoneses que llegaron a este país en calidad de esclavos  hace 164 años.
Estela Espinosa es descendiente de cantoneses, trabaja en un puesto de periódicos y revistas en la calle Capón, arteria principal del Barrio Chino, ubicada cerca al Centro Histórico de Lima. Estela es la representación viva del encuentro de dos culturas distinta que aprendieron a convivir en este rinconcito limeño.
Estela Espinosa en su puesto de revistas

Como buena anfitriona, Estela nos invita a conocer la esencia del Barrio Chino, la calle Capón. La historia de esta arteria vial comienza en 1971 con la  inauguración del arco o portada China, posterior a ello varios locales  se instalaron en el sector dándole un ambiente comercial, ahora se puede encontrar farmacias, restaurantes, mercados, bazares todos con un tinte oriental.
Visitar la calle Capón es como trasladarse por un instante a China, al otro lado del mundo, donde es común ver patos precocinados expuestos en vitrinas y dioses chinos en las entradas de los locales comerciales.
Recorriendo la Calle Capón

Para Estela, el Barrio Chino  recoge la esencia de sus raíces, allí se asientan los mejores restaurantes chinos, conocidos popularmente como “chifas”, resultado del mestizaje con la cultura peruana.
El origen del término “chifa” proviene de la combinación de los términos cantoneses chi y faan que significa comer arroz. En la actualidad los chifas se han posicionado ganando personalidad propia en la gastronomía peruana.
Estela no duda ni un segundo en recomendarnos el plato ícono de la zona, el “chaulafan”, una mezcla de carne, pollo, cerdo, embutidos con arroz y huevo sin olvidarse del toque oriental, la salsa china. Tanto en Perú como en Ecuador un chifa sin cahulafán no es  chifa. He ahí una muestra de cómo estas dos culturas se han enriquecido mutuamente, al punto de crear una identidad propia.
Mercado chino de Lima

Mientras recorremos la calle Capón, Estela señala las baldosas hexagonales del piso, cada una tiene inscripciones de nombres, frases, agradecimientos y saludos de cumpleaños, son alrededor de 30 mil baldosas rojas  que se extiende como una gigantesca alfombra que cubre la calle, cada una tiene un costo aproximado de 30 dólares, Estela cuenta que para los peruanos comprar una baldosa es como tener un espacio para inmortalizar momentos de la vida o marca su presencia en la zona.   Estas baldosas también han servido para dar vida a los 12 animales del calendario chino, como la Rata, Toro, Tigre, Liebre, Dragón, Serpiente, Caballo, Oveja, Mono, Gallo, Perro y Cerdo. Y justamente en este año se celebra el año de la Serpiente. En chino a la Serpiente se la llama “Si ” y simboliza lo enigmático, inesperado  y lo misterioso.
El recorrido termina, Estela debe continuar con su trabajo en el puesto de revistas en la calle Capón, lugar donde se refleja cómo los peruanos acogieron a una cultura totalmente distinta y la hicieron parte de su vida, sin duda Perú, no sería el rico crisol que es, sin la agridulce historia de la migración china




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